Lecciones de mi hija en doce meses

No hay duda que lo más emocionante de este año, para mi esposa y para mí, fue convertirnos en padres. Siempre leo a gente que escribe que ama a sus hijos desde que están en la barriga, y no es que no esté de acuerdo con ese sentimiento tan anticipado, porque es obvio que uno los va a amar, pero en mi caso ese amor lo fui descubriendo día tras día.

Yo, más que pensar en el amor hacia mi hija, sentía los nervios de cualquier hombre que se enfrenta a un reto tan bonito y tan difícil. Porque siempre he creído que para ser padre no hay que estar preparado, sino dispuesto. La preparación la vas ganando cada día que pasas con él o ella.

Nada se parece a la primera vez que ves a tu hijo: ni lo que dicen los libros, ni lo que cientos de personas te han contado, y mucho menos los ecos tridimensionales. Recuerdo claramente cuando vi a Valerie: me acerqué lentamente y por un huequito le acaricié un brazo. Una de las enfermeras me dijo “ponle tu dedo en la mano”. Lo hice y ella de inmediato lo apretó. Ahí comenzó nuestra historia de amor.

Desde aquel día hasta hoy y viendo lentamente por ese retrovisor de los recuerdos, he tratado de almacenar en mi memoria cada momento especial que ha hecho que ese amor crezca. Siempre que salgo de mi casa, lo hago recordando cada hazaña de Valerie y esperando que el día se haga corto para verla otra vez.

El 2013 arrancó así, convertido en papá y miles de dudas encima, pues si bien todo se centra en esa personita, la vida sigue transcurriendo afuera y eso no podemos dejarlo de lado. La cuestión está en seguir planificando la vida con uno más en la familia, pero sin descuidar las metas personales. Al final, cada objetivo lleva inscrito el nombre de los hijos.

Hoy, nosotros cerramos las puertas de un proyecto que emprendimos hace dos años, pero antes de cerrarlo, ya abrimos las puertas de otro que, esperamos, sea duradero. Y de no ser así, pues tendremos que seguir abriendo puertas, sin miedo, sin arrepentimientos.

Este año aprendí de mi hija que los cambios pueden ser constantes, pero solo son efectivos cuando nos animamos a más y sin temores. Lo he comprobado en su proceso de crecimiento: dar la vuelta en la cama, sentarse, gatear, pararse. Y pronto estará caminando. Pero en ese proceso ha sido ella la que siempre se ha animado a más: gatea bien, pero prefiere estar parada aunque no tenga el equilibrio necesario para estar de pie; cuando está de pie, se suelta poco a poco de su apoyo para aprender a sentarse y pararse; su sinceridad florece cuando la beso y ella me da un manotazo para que yo entienda que no quiere cariños en ese momento.

Sí es posible que un ser tan pequeño y que apenas empieza a vivir, nos enseñe, solo hay que saber interpretar cada señal que nos brindan. Ellos son claros y sinceros en cada acción, algo que nosotros, los adultos, deberíamos imitar siempre.

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2 comentarios en “Lecciones de mi hija en doce meses

  1. Lindas palabras sobrino, el ser padres es una linda experiencia, con ellos día a día aprendemos cosas nuevas, cambiar los pañales a un sobrino no es lo mismo que hacerlo a tu hijo, verlo reír, darles sus primeras papillas, sufrir por las vacunas queriendo pegar a las enfermeras por hacerlos llorar,tantas cosas que pasamos y pasaremos por ellos son experiencias que nunca olvidaremos….. y como dicen por ahi…. para todo lo demás solo existe Mastercard… jejeje…. Muxas bendiciones a la princesita Pebbles, y besitos para ti y la fam 😀

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