Mi primer Mundial: La unión hizo la fuerza en Guarulhos (II)

Seis horas de viaje desde Caracas hasta Sao Paulo. Dormí cuatro creo. Al menos pasaron comida dos veces las estrellas de TAM. No puedo negar que el servicio fue excelente, sin embargo, las molestias no murieron en Maiquetía. La mayoría de los pasajeros no sabían dónde dormirían las dos noches que debían permanecer en Sao Paulo por culpa de la línea aérea. Al menos yo tuve chance de buscar hotel, pues me avisaron un jueves que no viajaría el miércoles, sino el domingo.

Antes de partir, nos pusimos de acuerdo para reunirnos al llegar al aeropuerto de Guarulhos e ir en grupo a las oficinas de TAM . Y así fue: ellos buscando que le dieran hotel por esas dos noches, y yo que me regresaran el dinero que gasté en el hotel que pude conseguir.

Y allá le caímos a la gente de TAM como a eso de las 9 de la mañana. Éramos como 40 entre jóvenes, adultos y tercera edad, mujeres y hombres, y hasta embarazadas. Como siempre, uno le tira la pelota al otro -más en tiempos de Mundial-, hasta que llegó el más pro empresa diciendo que toda la culpa había sido de las agencias de viaje. Menos mal que en el grupo había un portugués y le habló en su mismo idioma. Bueno, más que hablarle le gritaba, y a pesar de que el empleado de TAM le decía que se calmara y bajara la voz, el portu le decía desde el alma: “Yo falo así, yo falo así”. Solo le faltó el clásico “y no me jodas”.

La cuestión se puso tensa, pero como siempre, los venezolanos nunca terminamos de ponernos serios cuando debemos. Y eso lo digo porque cuando la cosa estaba más buena y la solución estaba cerca, salió un tipo con una advertencia: “no se olviden que nosotros venimos de la tierra de las guarimbas”. Unos rieron, otros callaron. No sabíamos si eso era una amenaza o un comentario para calmar los ánimos. Lo cierto es que después de eso, la gente se puso creativa: “aquí nos encadenamos”; “vamos a llamar a CNN”. Y más atrás se escuchó a un señor con tono de tristeza: “son dos días coño, no es lo mismo decirle a mi esposa que me voy de viaje por cinco días que por siete”. Ahí si yo no pude aguantar la risa.

Y el objetivo se cumplió: hotel para todos, conexiones en ese momento para los que la necesitaban, transporte hasta el hotel y todos felices. Bajé con mis maletas a tomar un taxi que la línea me había pagado, pero la cola era inmensa. Preferí esperar el transporte gratuito del hotel. Mientras esperaba, desfilaban delante de mi muchas camisetas, muchas nacionalidades. Faltaban tres días para la inauguración del Mundial y yo debía aprovechar esas dos noches en Sao Paulo.

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