Esas muertes que nos golpean

En los últimos días, dos sucesos me han impactado, me han dejado tocado, me han golpeado el ánimo. He quedado helado al leerlos y releerlos. Leer es imaginar, visualizar, darle vida a las letras, y eso es lo que he hecho mientras leía y recordaba cada caso. Y uno se hace la pregunta más básica y sencilla: ¿cómo carajo alguien es capaz de hacer una vaina así, cómo? Si nada de eso hubiese pasado, esas personas habrían logrado las metas en común que tenían: comenzar una nueva vida fuera de Venezuela.

Luis Guillermo Méndez se casó el pasado noviembre en Galipán, cerca de esos paisajes donde arriesgó su vida como buen rescatista que era. Por esos lados apagó fuegos y rescató a un adolescente. Su pecado no fue tener un Toyota Machito, sino querer venderlo. Ese dinero abriría las puertas, a su esposa y a él, a otra vida. Pero en sus planes intervino un supuesto comprador, quien se ganó su confianza a fuerza de llamadas telefónicas y encuentros para cerrar pronto la negociación. Y llegó el día de la venta. Ese día, Luis Guillermo comenzó a desconfiar del comprador, pues éste había llegado con el dinero incompleto. Entonces le dijo a un amigo que lo acompañara mientras el sujeto volvía con el dinero faltante. Pero no volvió, así que decidieron retirarse del lugar, cada quien en su carro. Al rato, Luis recibe una llamada del comprador pidiéndole disculpas y rogándole que regrese al CC La Casona, en San Antonio de los Altos. Así que Luis le avisa a su amigo y retornan. Al entrar al estacionamiento, el comprador saluda a Luis y se monta en el Machito. Y allí comenzó el final. El supuesto comprador amenaza a Luis con un cuchillo, pero el socorrista más rápido lo hiere con esa misma arma en la pierna. Sin embargo, el comprador se recupera y le clava a Luis dos puñaladas en el pecho y lo saca de la camioneta. Luis, vivo aún, se monta en el carro del amigo y le ordena que lo siga. Quería recuperar, más que un carro, su esperanza de un futuro mejor.  Minutos después, el comprador fue interceptado por la policía. En ese momento, Luis se baja del carro del amigo para recuperar su Machito, pero había perdido mucha sangre. Cayó en el pavimento, no aguantó más. Su amigo describió el momento así: “Él no se fue detrás de una Machito. Luis estaba corriendo detrás de su futuro. Esa era su base, su plan. La adrenalina no lo dejó evaluar cómo estaba”. A Luis y a su esposa les desbarataron su plan. Querían su partida definitiva del país. Razones sobraban. El asesino vive aún, herido en su pierna izquierda, pero vive aún.

Mariela Ramos y Gian Carlos Farruggio, ella periodista y él comerciante. Tenían pasajes comprados ya, se iban a vivir a Panamá. Habían sido víctimas de la delincuencia en dos ocasiones y dijeron basta, nos vamos. Pero en sus vidas se atravesó un domingo, un doloroso domingo para sus hijos y vecinos. Ese día, cuatro sujetos entraron a la casa en busca de dólares. Primero los torturaron a ellos dos y al hijo de 18 años, todo esto delante del otro hijo de la pareja, un niño de 4 años. Con cuchillos calientes querían saber dónde estaban los verdes. No se sabe que más pasó, solo que Mariela y Gian Carlos recibieron disparos en la cabeza. Sí, delante del hijo menor.

Me enteré de este caso dos días después. Pasó en Cagua. Entonces recordé qué estaba haciendo ese domingo, y estaba comiéndome unas empanadas, celebrando la visita de un familiar recién llegado de Lima. Mientras yo compartía y reía, a 20 minutos de donde yo me encontraba, estaban matando a dos personas de la manera más cruel. Es duro verlo de esa manera, pero es la realidad. De cualquier forma es muy duro, porque te das cuenta de lo desprotegido que estamos, que nadie se ocupa de la seguridad, que ese tema ya no se toca. Entonces veo a mi hija reír y me hace feliz, pero a su vez me entra una desesperación tremenda. Pienso en ese niño de 4 años que ahora debe seguir la vida sin papá y sin mamá; pienso en el porqué de tanta maldad, de tanta saña, tanto rencor. Entonces me pregunto otra vez: ¿cómo carajo alguien es capaz de hacer una vaina así, cómo?

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2 comentarios en “Esas muertes que nos golpean

  1. Los que tomamos la sabia decisión de retirarnos del campo de batalla “Venezuela” igual no nos dejamos de preocupar por que al fin y al cabo es nuestro país; leo y leo todos los días cosas como esta y lo que da es impotencia, rabia y que nada se hace, absolutamente nada. Porque lo que ahora está como plato del día es el chiste del acetaminofen… todo es un chiste. Feliz día, abrazo.

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