Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 4.200 veces en 2015. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 4 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Un 2015 entre cuentos y novelas

Este ha sido un buen año para la lectura. Las noches me han rendido, al igual que las largas horas de espera en el pediatra y gastroenterólogo. Luego de leerle a Valerie unas cinco o seis veces “Rapunzel”, ella se duerme y yo leo.

Dos libros al mes es mi meta, pero este 2015 me he tenido que conformar con uno por mes. No está mal. Como saben, no soy crítico literario, solo me gusta dejarles mi opinión de lo que leo y de esa manera sugerirles libros que les puedan interesar.

Esto fue lo que leí este 2015:

Crear o morir, de Andrés Oppenheimer.

El mundo está cambiando y los genios son los responsables de ese cambio. El periodista argentino entrevistó a varios emprendedores y empresarios que le han dado un giro a las cosas y están innovando en campos como la tecnología, el deporte, la educación, entre otros.

Objetos no declarados, de Héctor Torres.

Este libro es la continuación de “Caracas muerde”. Son 35 crónicas que escribió el autor luego de conversaciones con amigos que viven dentro y fuera de Venezuela. Es la Caracas que pocos conocemos. Torres se afinca en la necesidad de revisarnos como sociedad.

Blue Label / Etiqueta Azul, de Eduardo Sánchez Rugeles.

Desde que leí “Liubliana”, comencé a buscar los otros libros de este escritor venezolano. Es una novela con voz juvenil;  los protagonistas son dos muchachos de clase media caraqueña y muestra las frustraciones de la generación de los jóvenes de la primera década del siglo XXI.  Fue premio Iberoamericano  de Novela Arturo Uslar Pietri. Será llevada al cine.

Una ola tras otra, de Eli Bravo.

Novela, relato de viaje y ensayo. Para mi este libro tiene esas tres características. Disfruté el tono nostálgico en muchas partes de la obra y fui testigo de la transformación de Andrés, el protagonista, página tras página, a través de un relato muy íntimo. Al final, Bravo coquetea con una segunda parte. Yo la espero.

Inteligencia Migratoria: ¿me quedo o me voy?, de Harry Czechowicz y Sonia Peña-Czechowicz.

Lo de emigrar no es sencillo, es algo serio. Este libro facilita un poco ese proceso respecto a las preguntas que uno debe hacerse al momento de tomar esa importante decisión. Obviamente, al final uno es el que decide, pero siempre es bueno apoyarse en esta clase de libros.

Streets de Miami, de Pedro Medina León.

Es un libro de cuentos en el cual se retrata a esa Miami que pocos conocen y a la que muchos le huyen: deportación, inmigración, prostitución.

La nostalgia esférica, de Federico Vegas.

Son relatos que unen el trance de migrar con la nostalgia. Los personajes se van y vuelven de su lugar de origen. Vegas lo resume así: “Los venezolanos sufrimos ese gran dolor de pretender volver a ser lo que nunca fuimos”.

Los imposibles 6, de Leonardo Padrón.

Es el primer libro que leo de los seis. De las 19 entrevistas, la mayoría a venezolanos, me impactó la de Emilio Lovera. Es increíble que, luego de lo que sufrió en su adolescencia, se haya convertido en uno de los mejores humoristas de su país. Interesantes también las entrevistas a Miguel Ángel Landa y Guillermo “Fantástico” González.

Viaje One Way, edición de Pedro Medina León y Hernán Vera Álvarez.

Escritores latinoamericanos y de España escriben en este libro con las calles de Miami de fondo y como protagonista. Son doce relatos que están llenos de reflexiones, tanto para el que vive en esa ciudad, como para los que piensan llegar pronto.

Prepárense para perder, de Diego Torres.

Este libro narra las tres temporadas que vivió el Real Madrid bajo el mando del portugués José Mourinho. Obviamente, Torres tiene un informante dentro del vestuario blanco. En todo momento, deja mal parado al técnico lusitano. Sus páginas dejan muchas dudas.

Julián, de Eduardo Sánchez Rugeles

Julián está enfermo y, junto a dos amigos, intentará encontrar un libro que tiene las instrucciones para poder sanarse. Esta novela, ambientada en los años noventa, es un paseo por toda Caracas bajo la mirada de un niño.

Jezabel, de Eduardo Sánchez Rugeles.

Sus personajes son adolescentes que viven el día a día envueltos en sexo y drogas. Pero uno de ellos, Alain Barral, querrá resolver el crimen de una de sus amigas tratando de viajar a través de sus recuerdos. Es una novela negra de la colección Vértigo, de Ediciones B.

Ya tengo en mis manos “Patria o muerte”, ganadora del premio Tusquets Editores de Novela y escrita por el venezolano Alberto Barrera Tyszka. Devoré ya sus primeras páginas. Calentando para entrar al terreno de juego tengo: “Happening”, de Gustavo Valle; “Maneras de irse”, de Ricardo Ramírez Requena; “Duelo”, de Albor Rodríguez, y otros más. Ya les contaré.

Y tú, ¿qué leíste este 2015?

La boleta de Valerie

Lo de Valerie con la escuela este año no fue traumático pero tampoco sencillo. Ella está en Maternal, un nivel que no es obligatorio pero al que todos los niños en Venezuela acuden, al menos la mayoría.

Tuvo una experiencia muy corta el pasado año, cuando iba dos veces por semana. Prematernal le llaman. Ya este año sabía lo que era el “cole” y recordaba los nombres de sus amiguitos. Sin embargo, los primeros días lloraba porque no quería ir, no se dejaba quitar ni el pijama. Y bueno, su mamá y yo la apoyamos: si no quería ir, no hay que obligarla. Y así pasó un mes y la gente nos preguntaba que por qué no iba al colegio y la respuesta siempre fue: “porque ella no quiere ir”. Algunos no creían y otros sí soltaban algunas frases clásicas como: “entonces nunca la vas a traer”.

Ya en noviembre, andábamos haciendo unas diligencias cerca del colegio. Entonces le comentamos que estábamos cerca de su cole, que qué le parecía si entrabamos y conocíamos su nuevo salón de clases y a su maestra. Ella solo movió la cabeza diciendo que sí. Justamente sus compañeros estaban en el parque y ella se animó a jugar un rato. Luego entramos a su salón y le mostramos una gaveta que tenía su nombre y foto, en la cual debía meter todas las actividades que hacen en clases.  Luego de media hora, nos fuimos.

Eso fue un jueves; el lunes ya estaba yendo a clases. Fue un trabajo de comunicación, de tolerancia, de respetar los procesos de ella como persona. Porque aunque no tenga ni tres años, es una persona que habla y expresa lo que siente a su manera y a mi me toca saber interpretar sus sentimientos. También parte del éxito de ese proceso de escolarización se lo llevó la maestra, que en este caso ayudó y mucho.

Hoy la maestra nos entregó su boleta. Al leerla, no pude evitar que mis ojos se pusieran brillosos. No tanto por las cosas que dice, sino porque me vino a la mente todo el trabajo previo con Valerie: desde sus lágrimas cuando le decían “colegio”, hasta sus cuentos en el carro: “Papá, hay niñas que no hacen caso”, pasando por el nombre que le puso a su lonchera: Coli Coli.

Me encantaría verla por un huequito de su salón, saber cómo es cuando no está conmigo. Aunque ya eso me lo contó su maestra, igual me gustaría hacerlo algún día.

Lo estoy haciendo bien. Lo estamos haciendo bien. Es lo que siento. Uno siempre acostumbra a corregirse y ser exigente con uno mismo. Yo lo soy como padre. Siempre en las noches recuerdo lo hecho en el día para analizar en frío algunas cosas. Pero esta noche concluyo que vamos bien, pero no porque yo sea el mejor papá del mundo, no, sino porque Valerie sabe que papá la escucha, la entiende, la respeta y siempre tiene una respuesta para ella.

Debo confesar que también estoy feliz porque hace pocos días me estaba dando besos y, sin querer, me besó la nariz y dijo: “te hice trampa, papá”. Yo, sorprendido por lo cariñosa que estaba conmigo, le dije: “quiero que seas la más tramposa del universo”, y ella se rió a carcajadas.