La boleta de Valerie

Lo de Valerie con la escuela este año no fue traumático pero tampoco sencillo. Ella está en Maternal, un nivel que no es obligatorio pero al que todos los niños en Venezuela acuden, al menos la mayoría.

Tuvo una experiencia muy corta el pasado año, cuando iba dos veces por semana. Prematernal le llaman. Ya este año sabía lo que era el “cole” y recordaba los nombres de sus amiguitos. Sin embargo, los primeros días lloraba porque no quería ir, no se dejaba quitar ni el pijama. Y bueno, su mamá y yo la apoyamos: si no quería ir, no hay que obligarla. Y así pasó un mes y la gente nos preguntaba que por qué no iba al colegio y la respuesta siempre fue: “porque ella no quiere ir”. Algunos no creían y otros sí soltaban algunas frases clásicas como: “entonces nunca la vas a traer”.

Ya en noviembre, andábamos haciendo unas diligencias cerca del colegio. Entonces le comentamos que estábamos cerca de su cole, que qué le parecía si entrabamos y conocíamos su nuevo salón de clases y a su maestra. Ella solo movió la cabeza diciendo que sí. Justamente sus compañeros estaban en el parque y ella se animó a jugar un rato. Luego entramos a su salón y le mostramos una gaveta que tenía su nombre y foto, en la cual debía meter todas las actividades que hacen en clases.  Luego de media hora, nos fuimos.

Eso fue un jueves; el lunes ya estaba yendo a clases. Fue un trabajo de comunicación, de tolerancia, de respetar los procesos de ella como persona. Porque aunque no tenga ni tres años, es una persona que habla y expresa lo que siente a su manera y a mi me toca saber interpretar sus sentimientos. También parte del éxito de ese proceso de escolarización se lo llevó la maestra, que en este caso ayudó y mucho.

Hoy la maestra nos entregó su boleta. Al leerla, no pude evitar que mis ojos se pusieran brillosos. No tanto por las cosas que dice, sino porque me vino a la mente todo el trabajo previo con Valerie: desde sus lágrimas cuando le decían “colegio”, hasta sus cuentos en el carro: “Papá, hay niñas que no hacen caso”, pasando por el nombre que le puso a su lonchera: Coli Coli.

Me encantaría verla por un huequito de su salón, saber cómo es cuando no está conmigo. Aunque ya eso me lo contó su maestra, igual me gustaría hacerlo algún día.

Lo estoy haciendo bien. Lo estamos haciendo bien. Es lo que siento. Uno siempre acostumbra a corregirse y ser exigente con uno mismo. Yo lo soy como padre. Siempre en las noches recuerdo lo hecho en el día para analizar en frío algunas cosas. Pero esta noche concluyo que vamos bien, pero no porque yo sea el mejor papá del mundo, no, sino porque Valerie sabe que papá la escucha, la entiende, la respeta y siempre tiene una respuesta para ella.

Debo confesar que también estoy feliz porque hace pocos días me estaba dando besos y, sin querer, me besó la nariz y dijo: “te hice trampa, papá”. Yo, sorprendido por lo cariñosa que estaba conmigo, le dije: “quiero que seas la más tramposa del universo”, y ella se rió a carcajadas.

 

 

Un día normal es un día de furia

Convivo con 30 millones de William Foster, aquel genial papel que hizo Michael Douglas en la película “Un día de furia”, por allá por los años 90. Digo que convivo porque Venezuela está repleta de Fosters que caminan iracundos y de mal genio, que contienen su rabia o arrechera -llámala como quieras- y que, en la mayoría de los casos, no saben como canalizarla. Y no es para menos. Seguir leyendo “Un día normal es un día de furia”

Un taxista víctima de la Patria

Salgo de mi casa y me toca tomar un taxi. Sacó la mano y uno se detiene. Le digo adónde voy. Me pide 250 bs. Le rebajo 50. Vente, pues, me dice. Apenas me siento, el taxista recibe una llamada: “No, vale, esa vaina cambió. No sé cómo voy a hacer. Solo dan 80 números en la Duncan y hay que quedarse a dormir. No puedo ir con Keyber, tengo que ver dónde lo dejo. Voy a trabajar hasta al mediodía y luego me lanzo a la Duncan”. Seguir leyendo “Un taxista víctima de la Patria”

Un maravilloso día en el Banco Bicentenario

7:44 am Llegué al Banco Bicentenario junto a mi abuela (85 años), quien viajará a finales de mes y debíamos consignar los documentos necesarios para pedirle al gobierno que le dé los dólares que le corresponden. Encontramos dos colas afuera de la entidad bancaria: una para los que iban a taquilla y otra para los que necesitaban hablar con los promotores. Nos tocaba la segunda. Teníamos por delante unas 16 personas. Seguir leyendo “Un maravilloso día en el Banco Bicentenario”

Yo no me disculpo con los colombianos

He visto en estos últimos días como muchas personas, a través de las redes sociales, piden disculpas a los colombianos por lo que está pasando en la frontera. Me pregunto: ¿nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos culpa de esos lamentables hechos?; ¿nosotros, los que NO votamos por los malandros que nos gobiernan tenemos la culpa de eso?; ¿por qué vamos a pedir disculpas nosotros en nombre de Maduro y su pandilla de incapaces? Seguir leyendo “Yo no me disculpo con los colombianos”

No estoy preparado para la siguiente etapa

Valerie ha vuelto a sus andanzas: esta noche, después de unos cuantos meses, se ha quedado dormida agarrándome la oreja. Ella, durante el día me quiere de a ratos; por momentos; minutos podría decir. Por eso siempre estoy atento esperando esos instantes, y esté haciendo lo que esté haciendo, no hay nada más importante que cuando me dice: “Papá vamos al cuarto”, entonces ya sé que quiere ir a la cama a jugar. Luego me dice: “cuenta cuento Thor y Nala”. Un cuento que le inventé una noche y no ha dejado de pedírmelo. Le pregunto si quiere el cuento de Thor y Nala cuando se pierden o cuando se van a la playa. Ella dice: “cuando se pierden”. Entonces sus ojos se fijan en los míos y me interrumpe varias veces. Seguir leyendo “No estoy preparado para la siguiente etapa”

Venezuela, un país de pasivos

Supongo que ya medio país vio el vídeo de la humorista venezolana Vanessa Senior, ese que grabó en un Farmatodo. Leí muchos comentarios a favor y en contra de lo que hizo. Pero más allá de la razón, está la forma. Que se queje está bien, muy bien diría yo, pero la queja se viene abajo cuando ofendes a la otra persona, cuando te expresas con groserías sin aportar nada a la discusión. La cajera no tiene la culpa de los precios justos, tampoco es cómplice como sí lo son los dueños de esos negocios que aceptaron poner captahuellas y todo un equipaje para controlar las compras de cada quien. Seguir leyendo “Venezuela, un país de pasivos”

Amigos colombianos, acepten su derrota con dignidad

Cómo hablaron en la semana: que si entre Colombia y Venezuela habían tres goles de diferencia; que son la quinta selección del mundo; que tienen estrellas; que si James, Falcao, Bacca. Ojo, y eso lo dijeron periodistas deportivos colombianos. Y me sorprendió un poco, porque si bien pueden tener confianza en su equipo, no pueden olvidarse que la Copa América es una de los eventos más parejos de los últimos años. Repito, eso fueron los periodistas, porque el ciudadano de a pie, el colombiano que vive aquí en Venezuela, estaba sobradísimo. Seguir leyendo “Amigos colombianos, acepten su derrota con dignidad”

Esas muertes que nos golpean

En los últimos días, dos sucesos me han impactado, me han dejado tocado, me han golpeado el ánimo. He quedado helado al leerlos y releerlos. Leer es imaginar, visualizar, darle vida a las letras, y eso es lo que he hecho mientras leía y recordaba cada caso. Y uno se hace la pregunta más básica y sencilla: ¿cómo carajo alguien es capaz de hacer una vaina así, cómo? Si nada de eso hubiese pasado, esas personas habrían logrado las metas en común que tenían: comenzar una nueva vida fuera de Venezuela. Seguir leyendo “Esas muertes que nos golpean”