Mi primer Mundial: las aerolíneas y los cuentos de Maiquetía (I)

La emoción de poder ir a un Mundial de Fútbol sólo la comencé a vivir estando en Brasil, porque antes fue todo un calvario. Mi esposa lo decía: “lo más difícil que es obtener las entradas, ya lo tienes; y lo más sencillo que debería ser comprar el pasaje, no”. Solo en Venezuela dirían algunos.

Conseguí una ganga con TAM y compré a finales de abril un Caracas-Sao Paulo-Caracas. Con pasaje en mano, armé mi itinerario de vuelos internos en Brasil. Resulta que en mayo me cambiaron el vuelo, ocasionando esto la alteración de mis otros pasajes y el pago de las respectivas multas. No conforme con esto, las estrellas de TAM me volvieron a cambiar el vuelo cuatro días antes de mi viaje, obligándome a permanecer en Sao Paulo dos noches. Y como tuve la osadía de reclamar, me dijeron que me podían devolver el dinero del pasaje si así lo quería. Cómo iba a querer eso con entradas para cuatro partidos y reservas de hotel pagadas hace meses.

Ya en Maiquetía, el día de mi viaje, me dispuse a poner la denuncia con cartas y copias. Era el tercero de la cola. Las dos señoras que eran atendidas se quejaban de que Copa era la peor aerolínea, que llevaban dos días en el aeropuerto sin poder viajar porque habían suspendido el vuelo de ellas sin razón alguna. ¡Dos días en el aeropuerto! Con respecto a mi caso, yo la estaba sacando barata pensaba. Llegó el turno del señor que tenía adelante. Lo que escuché me puso a dudar si colocar o no mi denuncia: Air Europa le acaba de suspender su viaje, no aparecía en la lista para esa tarde, y ni esa tarde volaría ni ningún día. Sencillamente le dijeron que no iba a volar a Madrid, que le devolverían su dinero. Y el hombre resignado remató diciendo: “esta vaina solo se la hacen a los venezolanos”.

Fui el primero en llegar al counter de TAM. Poco a poco fue llegando la gente. Primero llegó un grupo grande de Carora: se habían enterado ese día que le habían cambiado el vuelo. A otros tres, entre ellos un niño, los habían cambiado de vuelo a cada uno y viajarían por separado, es decir, el niño debía montarse en el avión sin su representante. Dos horas para arreglar ese incidente. Pero el papá del menor olvidaba que su permiso de la LOPNA estaba para otro día, entonces ahora el reto era otro: cuadrar eso con la Guardia Nacional. Luego llegó otra muchacha que se enteró del cambio de su vuelo porque se le ocurrió, ese domingo, hacer el check-in web. Agarro su maleta, metió cuatro trapos y tomó rumbo a La Guaira.

Casi la medianoche y el aeropuerto se estaba quedando solo, hasta que llegó un tipo con mal aspecto queriendo poner orden en la cola, diciendo que ya la gente de TAM estaba por llegar al counter. Le pregunté que si el viajaba también y dijo que no. Y otros pasajeros le dijeron tajantamente que esperarían a los de TAM para poner orden, como en efecto se hizo cuando llegó un empleado de la línea aérea. Luego vimos al sujeto hablar con un Guardia Nacional; ambos se perdieron en el solitario pasillo del aeropuerto. Era evidente, el tipo quería robar.

Ya sentado en el avión, recordé al señor del problema con Air Europa: esta vaina solo se la hacen a los venezolanos.

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